
Mientras la monarquía absolutista de España y el clero despilfarraban las riquezas que extraían de su monopolio comercial con sus colonias, el resto del mundo entró a la era de la ilustración, que llevó a la Revolución Francesa y la Guerra Americana de Independencia. En el siglo XVIII, Carlos III expulsó a los jesuitas conservadores e intentó establecer reformas en favor del desarrollo de una clase burguesa en España, pero fue "muy poco, muy tarde". Después de la Revolución Francesa y la ocupación de España por Napoleón, se emitió una constitución liberal por parte de Cortes, pero Fernando VII la revocó, reinstituyó la Inquisición y trajo a los jesuitas de regreso. España perdió su oportunidad y la lucha entre los conservadores en pro del clero y los liberales anticlericales se convirtió en una característica de la cultura española.
Los colonos nacidos en América o criollos, quienes tomaron del poder de los representantes de la corona española nacidos en la península, tuvieron el ejemplo de la Revolución Francesa y la Revolución Americana, pero habían estado aislados de las tendencias mundiales del pensamiento y no participaron del desarrollo de los valores humanos y sociales que llevaron a estos eventos trascendentales. Como nunca habían experimentado nada más que el gobierno autocrático del Rey y la Iglesia, no es de sorprenderse que adoptaran los mismos valores y estilo de los que reemplazaron al independizarse de España.



